SMS’s
Miraba fijamente la pantalla de su teléfono móvil. Veía su tenue reflejo a través del mensaje que escribía mientras caminaba en la calle. Cada día hacía lo mismo: Mandaba un mensaje al mismo número. Te amos, te extraños, anécdotas raras y divertidas, apodos cariñosos. Siempre igual y esta vez no sería la excepción. Releyó el texto para comprobar la ortografía y buscó entre su lista de contactos aquél nombre que conocía bien. Durante unos segundos apareció un icono de envío. Suspiró al leer en la pantalla la leyenda de “Mensaje enviado”. Retomó su rumbo hacia ningún lugar, sabía muy bien que nadie leería sus mensajes, ese móvil se había perdido hacía meses y su dueño había desaparecido de su vida. Sonreía, con un dejo amargo. Pero esos mensajes eran lo que le hacía sentir que tenía a alguien a quién contarle sus ires y venires, que pertenecía a algún lugar dentro de ese mundo tan raro en el que no encaja y más bien, desentona. De vez en vez, se autorecrimina por torturarse de ese modo… Y sabe que en esa eterna batalla de corazón vs razón hay bajas constantes de sentimientos y pensamientos.. Así pasan sus días, sin saber que en algún lugar, alguien lee sus mensajes y sonríe con melancolía, envidiando al dueño del teléfono que encontró hace meses en la calle, sin atreverse a contestar aquellas palabras de afecto ajeno que de algún modo había hecho suyas para aferrarse a la vida.