Los castillos en el aire
Hubo un tiempo, cuándo era incluso más joven, que me conformaba con soñar, con ver los castillos aéreos que alguien más construía… Yo deseaba habitar ese castillo tan bellamente adornado. Intenté, por todos los medios llegar a él. Escalé plantas de habichuelas, usé catapultas, intenté usar mis alas, desgasté mis garras con tal de subir. Y cuándo lo logré, todo se vino abajo. Los castillos en el aire no soportan mucho peso. No dolió ver ese hermoso castillo, tan bello por fuera…. desmoronarse ante mis pies…. Dolió el hecho de que nadie más, sino yo, se atrevió a subir ahi. Que por dentro estuviera vacío, gris, dañado en medio del olvido.
Las heridas tomaron su tiempo en sanar. Tomé una postura reservada hacia los castillos en las nubes: No son un sitio seguro para vivir. Me convertí, entonces, en reubicadora de esos castillos. Toma esfuerzo, mucha paciencia y sobretodo, determinación, el hacer que queden sobre cimientos, en tierra firme. A veces se desquebrajan los muros, o pierden su forma original… Esto puede ser una mejora o una tragedia. Resanar la arquitectura tiene su chiste, llenar esos castillos de lo necesario para que sea habitable requiere de mucho esfuerzo. Pero lo más importante, se requiere de otras manos que ayuden a emparejar los relieves del piso mientras las tuyas ponen la última capa de pintura…. Sobretodo si ese castillo es para más de un habitante.