Pues me he despertado a las cinco y media de la madrugada en domingo… Esto debe ser pecado y no precisamente de esos que me encantan.
Tratando inútilmente de dormir, empiezo a divagar, a recordar cosas varias y viene a mi mente la mejor visita a la playa que tuve.
Fue un día de puente, por las festividades teníamos días libres en la universidad. Así que Toño, Bamboocha (Julio) y yo, decidimos irnos a la playa. Andabamos muy cortos de fondos así que contabamos conque nos dejaran acampar. Compramos provisiones, la hielera llena, la casa de campaña bien guardada en una de las mochilas y nos embarcamos en el autobús.
Lo chistoso es que tomamos mal el autobús y acabamos a media hora de la playa, en otra ciudad. Ellos me miraban entre enojados y divertidos.
“¿Cómo es que te equivocaste de bús?¡Tú eres la que vive por aquí!”- Me decían.
“Conocen cómo me tienen apresada en casa…. ¿Y en serio esperaban que recordara cómo llegar?”- Respondía
“No, pues tienes razón…. Ya bastante es que puedas venir”
Cómo sea, llegamos a la playa a eso de las ocho de la noche. Julio insistía en que nos quedaramos en una zona que era zona privada y se veía un tanto sospechosa.
Julio:
Vamos!!
Yo:
Ve a ver que tal está, si logras regresar sin que te dén violín en el proceso, con mucho gusto vamos!!
Julio: ¬¬’
Al final nos quedamos en otro lugar, no se atrevió a ir solo xD. El vigilante nos dejó quedarnos, había una familia que también acampaba. Ahi fue dónde nos dimos cuenta de nuestro error: No habíamos llevado lámpara alguna.
Amablemente nos prestaron la suya y Toño y yo fuimos en búsqueda de cosas incendiarias para armar la fogata mientras Julio se peleaba con la casa de campaña. Encontramos varias palmas secas que nos hacían ojitos y luego de juntar una buena reserva y tener la fogata ahi, Toño y yo nos poníamos a ver los colores del viento con el incienso que traíamos mientras Julio iba a zambullirse. Por esa época venía pasando por una situación difícil, así que aprovechamos el fuego para “quemar mis problemas”.
Luego de eso, nos pusimos a contar historias macabras de humanos hasta muy de madrugada.
Me gustaba el escenario que tenía frente a mis ojos, más allá de la fogata, veía a la Luna llena sobre las aguas del mar. El ritmo de las olas me apaciguaba, el aroma salino del viento en mi cara me hacía sonreír. La noche era tan bella. Fue la primera vez que estaba de noche en el mar, me sentí tan tranquila y olvidé mis preocupaciones aquella vez.
Extraño eso, el mar, la noche, los amigos y las locuras que se hacen en un momento de ocio que al final se convierten en algo memorable.
Me gusta guardar recuerdos de los buenos momentos, aunque sean pocos. Me hace creer que no importa lo mal que se pongan las cosas, siempre se puede seguir adelante.