La homosexualidad a través del psicoanálisis
Durante muchos años, ha existido el controversial tema de la homosexualidad: ¿Se debe a la educación?¿Es reversible? Igualmente, en el psicoanálisis, existe la incertidumbre en relación con la edad en la que puede utilizarse de manera legítima el término homosexualidad ya que se observan relaciones similares entre las manifestaciones de homosexualidad y las etapas del desarrollo normal del niño y la niña, por lo que la diferencia entre homosexualidad manifiesta y latente puede aplicarse a la conducta sexual de los adultos pero no de igual manera a la masturbación mutua y a otros juegos sexuales de la niñez o de la adolescencia. La diferencia entre homosexualidad pasiva y activa se encuentra en la actitud adoptada por cada parte en el mismo acto sexual después de la adolescencia.
Existen un número de problemas relacionados con la homosexualidad en los cuáles se pueden encontrar en ellas ciertas indicaciones para sus evaluaciones o contribuir con datos para su solución, los cuáles son:
La selección del objeto: El factor edad
Una de las proposiciones básicas en la teoría psicoanalítica de la sexualidad infantil es que los niños de ambos sexos establecen vínculos libidinales con objetos de ambos sexos. En cada etapa de la niñez, la elección del objeto está gobernada por reglas, requerimientos y necesidades. Los niños, al comienzo de la vida, seleccionan sus objetos basados en las funciones, no en el sexo. La madre es catectizada con líbido porque ella cuida al niño y satisface todas sus necesidades, el padre cómo un símbolo de protección, de poder, poseedor de la madre, etc. De esta manera, el niño normal, varón o mujer, mantiene vínculos objetales con ambas figuras, masculina y femenina, lo que establece que los vínculos con las personas del mismo sexo cómo los del sexo opuestos son normales y no pueden considerarse cómo precursores de la homosexualidad.
Sin embargo, también las tendencias del componente pregenital dependen para su satisfacción no del aparato sexual del compañero sino de otras cualidades y actitudes, si estas existen en la madre y ella se vuelve el objeto amoroso principal, entonces el niño durante las fases oral y anal es “heterosexual” y la niña, “homosexual” y si el padre es el objeto amoroso, la situación se invierte. La elección del objeto es adecuada a la fase y normal sin tener en cuenta si a relación resultante es heterosexual u homosexual.
A diferencia de las fases anteriores, el sexo del objeto amoroso es de gran importancia en la fase fálica ya que la sobreestimación del pene induce a los niños de ambos sexos a buscar relaciones que lo posean o que supongan que lo posean, tales cómo la madre fálic. El complejo de Edipo en sí, está basado en el reconocimiento de las diferencias sexuales y dentro de este marco, el niño hace su elección de objeto a la manera del adulto basado en el sexo de su pareja. El complejo de Edipo positivo con el progenitor del sexo opuesto como objeto amoroso preferido corresponde tan estrechamente con la heterosexualidad adulta cómo el complejo de Edipo negativo con el vínculo del progenitor del mismo sexo corresponde a la homosexualidad adulta. Es decir, la conducta del niño durante la fase fálico-edípico permite vislumbrar más claramente que en ninguna otra etapa, sus futuras inclinaciones con respecto al rol y a la elección del objeto sexual.
En el periódo de latencia existen también tendencias confines inhibidos desplazadas o sublimadas para las cuales la identidad sexual del objeto es de nuevo una cuestión de relativa indeferencia, como por ejemplo, las relaciones del niño en el período de latencia con sus maestros, a quiénes ama, admira, odia o rechaza no porque sean hombres o mujeres, sino porque los considera figuras bondadosas, útiles, inspiradoras o duras, intolerantes y provocadoras de ansiedad.
Es necesario recordar que el niño que busca exclusivamente la compañía masculina y evita y desprecia a las niñas no es el futuro homosexual, sino todo lo contrario, este apego a los varones y el rechazo y desprecio a las niñas, puede considerarse cómo la marca distintiva del niño masculino normal del período de latencia es decir, el futuro heterosexual. En esta edad las tendencias futuras homosexuales son delatadas por una preferencia para jugar con las niñas y por la apreciación y apropiación de sus juguetes. Esta inversión de la conducta es típica de las niñas en el período de latencia que buscan la compañía de los varones no cuándo son femeninas sino cuándo son “marimachos” por ejemplo por su envidia del pene deseos de masculinidad, en lugar de sus deseos femeninos de relacionarse con el sexo opuesto.
Finalmente, en la preadolescencia y adolescencia, los episodios homosexuales son bastante comunes y existen junto a manifestaciones heterosexuales sin que sean signos de pronósticos confiables. Esto se debe a las recurrencias de los vínculos objetales pregenitales y sexualmente indiscriminados del niño pequeño que son una vez más válidos en la preadolescencia debido a que la elección del objeto amoroso homosexual en la adolescencia se debe también a la regresión del adolescente desde la catexis objetal hacia el amor por su propia persona y la identificación con el objeto, es decir, que representa su ideal de sí mismo lo que desde el punto de vista petapsicológico es un fenómeno de naturaleza narcisista y pertenece a la variada sintomatología esquizoide de la adolescencia.
Para realizar un pronóstico y reconstrucción favorables de la homosexualidad adulta, es necesario tomar en cuenta las variadas manifestaciones de homosexualidad latente y manifiesta en sus raíces infantiles, tales cómo:
Las dotes congénitas del individuo, es decir, la bisexualidad cómo la base instintiva de la homosexualidad.
El narcisismo individual que crea la necesidad en el individuo de escoger un objeto sexual de acuerdo con su propia imagen
Las relaciones entre la homosexualidad y las fases pregenitales, orales y anales.
La sobreestimación del pene en la fase fálica
Las observaciones traumáticas de los genitales femeninos y de la menstruación
La envidia del cuerpo de la madre.
Los celos entre hermanos rivales los cuales se convierten posteriormente en sustanciales objetos amorosos.
Sin embargo, el razonamiento no puede invertirse y los datos reconstruidos no pueden utilizarse para la investigación temprana del desarrollo homosexual en los niños, gran ejemplo de ello es el homosexual pasivo-femenino, cuya patología ha sido estudiada en muchos análisis terapéuticos debido a que se caracteriza por la estrecha vinculación con la madre, por la falta de deseo o incapacidad e realizar el acto sexual con mujeres y por actividades sexuales con hombres con el siguiente perfil: orden social inferior, atributos masculinos crudos (gran fuerza muscular, cuerpo velloso, etc). En el análisis, nos lleva hasta un apego extremadamente pasional con la madre que dominó la infancia y la niñez desde la fase oral a través de la fase anal y más allá de la fase fálica; hastael horror hacia el cuerpo femenino adquirido de manera traumática después del descubrimiento de los genitales de la madre o una hermana y hasta el período de fascinada admiración del pene del padre.
Estos elementos son influencias patógenas en el pasado homosexual no pueden ser utilizados para pronosticar la homosexualidad debido que, a contrario de lo que se cree, forman parte de la etapa regular e indispensables del equipo de desarrollo de todos los varones. El estrecho vínculo con la madre que devasta al futuro homosexual al incrementar su temor del padre rival, al aumentar su angustia de castración y al imponer una regresión a la dependencia anal y oral es también la bien conocida constelación del complejo de Edipo positivo y precursor de la heterosexualidad adulta. El descubrimiento de la diferencia de sexos significa para el varón un aumento temporal de su angustia por la castración lo que le hace fortalecer su orgullo en la posesión del pene y simplemente aumentar el desprecio lastimoso por las mujeres “castradas” lo cuál es una característica normal del varón en la fase fálica y finalmente, la admiración por el mayor tamaño del pene que domina la vida amorosa de este tipo de homosexual pasivo es también una etapa normal en las relaciones de todos los niños varones con su padre. A partir de esta etapa, el futuro homosexual es fijado y continúa atribuyendo a todos sus objetos masculinos todos los deseables signos de fortaleza y potencia masculinas mientras que el niño heterosexual supera esta fase identificándose con su padre cómo el poseedor del pene y adquiere sus propias características masculinas y actitudes heterosexuales para su propia persona y para su futura identidad sexual.
Lo que determina la dirección del desarrollo no son los hechos y constelaciones infantiles más importantes en sí mismos sino una multitud de circunstancias acompañantes cuyas consecuencias son difíciles de juzgar tanto de manera retrospectiva en el análisis de adultos cómo pronóstico en la evaluación de niños, ya sean factores internos, externos, cualitativos y cuantitativos, es decir, no depende sólo de la naturaleza saludable de los impulsos fálicos del niño, de la intensidad de sus temores deseos de castración o de las cantidades de libido dejadas atrás en los puntos de fijación iniciales, sino que dependerán también de la personalidad de la madre y de sus acciones, es decir, de la cantidad de satisfacción y frustración que ella administra oral y analmente durante los procesos de alimentación y el entrenamiento del control esfinteriano, del deseo que ella tenga de mantener a su hijo independiente o dependiente a su persona y de la aceptación o el rechazo de manera placentera o intolerante de los progresos fálicos del niño hacia ella.
El shock de castración depende en cuánto concierne a la intensidad de sus secuelas en el momento en que se presentan y se hacen sentir cuándo coinciden con el esplendor de la masturbación fálica, los deseos pasivos-femeninos hacia el padre, los sentimientos de culpa, etc.
Los temores de castración y las tendencias pasivas están influidos por las actitudes represivas o seductoras del padre, su capacidad o incapacidad en el rol de modelo masculino, etc. Cuándo el padre está ausente por divorcio, deserción o muerte, falta la restricción del rival edípico, lo que intensifica la ansiedad y la culpabilidad en la fase fálica y favorece la falta de masculinidad. En esta situación, la fantasía del niño de que el padre ha sido eliminado por la madre como castigo por la masculinidad agresiva también actúa cómo un trastorno para sus deseos heterosexuales.
No obstante, hay que reconocer que lo que puede impulsar el desarrollo sexual en una u otra dirección son los hechos puramente ocasionales cómo los accidentes, las seducciones, las enfermedades, la pérdidas del objeto amoroso, etc. ya que pueden modificar la vida del niño en cualquier momento y suelen trastornar los posibles cálculos pronósticos establecidos previamente.
Homosexualidad, favorecida o evitada por las posiciones normales del desarrollo
Durante el crecimiento, las inclinaciones homosexuales alternan y compiten con la heterosexualidad y ambas utilizan por turno las diversas posiciones libidinales por las que e niño atraviesa, por lo cual el desarrollo homosexual resulta favorecido por los siguientes factores:
Las tendencias bisexuales innatas que son consideradas cómo parte integral de la constitución y que dotan al individuo con rasgos psicológicos tanto de sexo opuesto cómo del propio; se intensifica en el período preedípico por las identificaciones con ambos progenitores y permanece cómo base constitucional para cualquier inclinación homosexual que pudieran surgir en las etapas siguientes.
1. El narcisismo primario y secundario del individuo que provoca que escoja la pareja tan idéntica cómo sea posible al propio yo incluyendo la identidad del sexo.
2. El apego anaclítico del niño a los objetos para quién el sexo es de importancia secundaria.
3. La libidinización el ano y las tendencias pasivas habituales de la fase anal que proveen la base física normal para la identificación femenina del niño.
4. La envidia del pene que provee la base normal para la identificación masculina en las niñas.
5. La sobreestimación del pene en la fase fálica que hace difícil o imposible para el niño aceptar un objeto amoroso “castrado”
6. El complejo de Edipo negativo que representa una fase normal “homosexual” en la vida tanto de niños cómo de las niñas.
El equilibrio entre la heterosexualidad y la homosexualidad durante todo el período de la niñez es tan precario y las escalas son tan fácilmente invertidas en una u otra dirección debido a diversos factores que la opinión todavía válida es que: “La decisión de la actitud sexual definitiva tiene efecto después de la pubertad”