Parte fundamental de las reuniones familiares es, en el caso de mi propia familia, el cotilleo de lo que pasa con los parientes que están lejos o ausentes. Nunca he entendido eso, a pesar de que siempre opto por mantenerme alejada, la mayoría de mis tíos y tías me tienen cierto aprecio. El tema de conversación de moda en las últimas reuniones es tío Juan.
Lo que yo sé de mi tío:
- Es chulo.
- Tiene una cicatriz en la mejilla que me recuerda a un pan doradito. Es algo que me gusta de él.
- Tiene los ojos cafés, claros, clarísimos.
- Tiene un acento norteñoso que nunca se le ha podido quitar.
- Es muy jovial, le gustan las fiestas.
- Es un hombre cariñoso de esos que me agradan, que jamás falta al respeto ni en broma ni en serio.
- Es fan from hell de las peleas de gallos.
- Le gusta beber y dormir después xD
- Si alguien tiene algún problema, siempre se puede contar con él.
- Responde a sus deberes con su familia, se esfuerza mucho.
- Provoca simpatía.
- Prefiere las camionetas a los autos.
- Le queda muy bien el look vaquero XD
No suelo estar muy metida en asuntos familiares, casi no nos vemos. Él estuvo casado cómo 25 años, con una mujer que… bueno, a mi no me agradaba mucho, siempre pensé que tenía cara de bruja y una que otra vez me tocó ver cómo lo sobajaba. Nunca pude entender porque mi tío seguía con ella a pesar de las trastadas que le hacía.
El punto es que, terminaron. Con muy buenas razones para hacerlo, he de decir.
Las pasadas navidades fue ése el tópico que se llevó la noche. Yo desconocía todo aquello, si escuché fue sólo para corroborar mis propias sospechas de lo que había visto aquella vez que fui a su casa.
-Ahora Juan anda con una de de 18 años…- Dice Rosa, mi tía, quién siempre tiene que estar criticando a la gente- ¿Que no vé que mal se ve eso?
Alcé una ceja, jugando con mi vaso.
-¿Que edad me dice que tiene mi tío?- Me animé a preguntar, yo siempre lo he visto cómo un hombre joven, nunca tengo en mente la edd de las personas-… Es que no recuerdo.
-Va para los cincuenta- responde, con voz baja, cómo si aquello fuera pecado-
-¿Y que tienen de malo treinta insignificantes años de diferencia?- Digo, tomando un trago de Coca Cola- Por lo que cuentan, mi tío parece que está reverdeciendo…. déjenlo ser feliz
-Pero es que…-replica, con ese tono de moralidad intachable tan hipócrita que me desespera- Está chica…
-Al menos no tiene 15 y le dijo que tenía 18 para decirle la verdad luego de casarse con él….- sonrío con descaro, aquello es algo verídico de la historia de su matrimonio- Si está contento, que chinguen a su madre todos los demás, familia incluída ¿no?
Fue ahí dónde mis padres me hicieron callar, cómo siempre que digo algo que no les parece. Hablaba con mi prima, la hija menor de mi tía Rosa. Compartimos la misma opinión; nuestro tío es chulo y merece darse sus gustos.
Yo tengo muchas ganas de ver a mi tío, seguro que está contento. Yo ya no recuerdo cuándo fue la última vez que lo ví radiante y sin preocupaciones colosales, me encantaría verlo así.
La última vez que fui a casa de mi abuela, aquella misma tía, Rosa, volvió a hacer un comentario acerca de que mi tío quería llevar a “la novia” a conocer a mi abuelita. Sólo mi abuelita y yo concordamos en que no podemos hacernos una opinión de la chica, sin conocerla, mientras tanto en la sala se hacía un recuento de todas las “malas mujeres” que les han tocado a mis tíos, puteándolas con merecida razón a algunas y ya preparándole “lugar” a la susodicha con la que está mi tío.
Entonces reviso una receta que encontré hace tiempo para situaciones así:
Dosis: 500 pastillas de valemadrina y 250 en la versión forte de mevalevergatón Y el jarabe Keledén; ahora con más Keledenato.
Tomar una pastilla cada vez que un chingaquedito se meta en lo que no le importa. Si la molestia persiste, es hora de pasar al jarabe. Si experimenta la sensación de “oídos sordos” es que el tratamiento funciona